Ya llegaste menuda flor sureña
y encendiste en mi vida otro lucero,
piel durazno, ternura de febrero,
dulce sueños, tan dulce, mi pequeña.
Le hacen marco a tu gracia, la risueña
mansedumbre del lago que hechicero,
en montañas y azules, mensajero
de reflejos y espumas, se diseña.
Y es tu nombre de luz, el de la estrella.
Y tu nombre de diosa. Y la más bella.
En este atardecer se van mis ojos,
imaginando, niña tan distante,
a tu lado ya estar. Y en anhelante
ilusión, mi cariño va en manojos.
14/02/1999. Villa del Lago.
La Tata.

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